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domingo, 14 de septiembre de 2014

3 principios para evitar problemas en tu matrimonio

Siempre nos enfrentamos a pequeños o grandes problemas, cuando menos lo pensamos, ahí están, esperando con paciencia el mejor o, por qué no, el peor momento de nuestra vida para saltar a escena. Son parte casi cotidiana de nuestra vida como cónyuges. ¿Qué esposos no discuten alguna vez por sus diferencias? ¿Qué esposo, padre de familia, no tiene preocupaciones del trabajo? ¿Qué esposa, madre de familia, no se afana con las labores de la casa o con un hijo enfermo? ¿Qué hijo no pasa por diferentes etapas en su desarrollo que si no sabe cómo enfrentarlos se pueden volver un caos?

Piensa, entonces, ¿qué harás para que te vaya bien en tu matrimonio en medio de tus problemas? ¿Cómo puedes mantener la armonía en tu familia a pesar de las circunstancias adversas? Tal vez tengas una estrategia, quizás no. Tal vez nunca lo has pensado, o quizás sí. Tal vez sientas que todo está bajo control, o quizás sientes que ya todo está descontrolado. Cualquiera que sea tu perspectiva, la Biblia nos marca tres principios a tener en cuenta y practicar para salir victoriosos de esos momentos nada agradables. Si meditas en cada uno de ellos te darás cuenta de que no son tan difíciles de llevar a la práctica; también descubrirás que pueden traerte resultados diferentes y gratos a los que hasta ahora tal vez has obtenido.
1. Aprende a ver a Dios aún en los momentos más difíciles

. El salmista David decía: “Veía yo al Señor siempre delante de mí, porque Él está a mi derecha para que no caiga” (Hechos 2:25). David fue un personaje con muchos problemas, como cualquiera de nosotros, pero salió adelante a pesar de ellos, porque sabía que Dios siempre está ahí, está cerca de ti y de mí. Eres tú el que no se da cuenta al dejarte abrumar por los problemas. Tener siempre presente a Dios te hará mantener la fe por encima de todas esas cosas que hacen que tu corazón se quebrante y que tu alma se agobie. Por supuesto que la fe no hace que las cosas difíciles se vuelvan más fáciles; más bien, la fe hace que las cosas difíciles se vuelvan posibles.

2. Aprende a estar contento y a pensar en todo lo bueno

. Un proverbio muy sabio dice: “Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos” (Proverbios 17:22). Y Filipenses 4:8 también dice: “Consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio”. El tipo de pensamientos que tienes determina lo que dices y lo que haces. Si tus problemas te agobian y dejas que te colmen de pensamientos negativos, no verás su solución aunque esté frente a ti y sean sencillos de resolver; te ensordecen y te ciegan y si los dejas progresar te hundirán en la desesperación y la ruina. Por el contrario, los pensamientos positivos reducen la frustración y el desánimo. Tus sentimientos alineados con estos pensamientos positivos producen un corazón contento, aunque las circunstancias lo quieran afligir y robarle la paz. Un corazón contento te hace ver los problemas más pequeños y más sencillos de resolver, y son como trampolines para superar obstáculos y alcanzar más pronto tus objetivos.
3. Aprende a despojarte de todo afán y a ponerlo en las manos de Dios

. “No se inquieten con nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias” (Filipenses 4:6), le dijo el apóstol Pablo a un pueblo afligido. Hay cosas que no puedes entender y que se salen de tus manos en algún momento, tanto en el trabajo como en el hogar, o en la relación con tu pareja o con tus hijos. Todos podemos sentir afán en algún momento, y no está mal, pero también podemos tener la paz que Dios nos da, y descansar en Él. Lo que tienes que hacer es disponer de un momento del día para meditar y descargar tu afán por los problemas delante de su presencia. Entonces te sentirás mejor y más confiado para hallar una solución eficaz.

Para finalizar, aprende que cada problema, si peleas limpio y de la manera correcta, es una oportunidad para ser mejor, para crecer, para madurar, para jactarte de que nada te puede vencer. No le temas a los problemas, enfréntalos siguiendo estos principios.

Arelly Vela

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viernes, 5 de septiembre de 2014

5 Maneras de mejorar instantáneamente tu matrimonio

5 Maneras de mejorar instantáneamente tu matrimonio
5 Maneras de mejorar instantáneamente tu matrimonio

1. Oren Juntos
2. Escucha Más de lo que Hables
3. Reserva tus Gritos para el Dormitorio ☺
4. No mantengan ningún secreto el uno del otro
5. Apaguen el teléfono celular cuando estén juntos.

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lunes, 1 de septiembre de 2014

El amor valora - Día 11 de El Desafío del amor


Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. Efesios 5:28

Considera estas dos situaciones.

Un hombre posee un auto viejo que comienza a tener problemas serios, así que lo lleva al mecánico. Luego de una evaluación, le dicen que necesitará una puesta a punto completa, lo cual es demasiado para su presupuesto limitado. Debido a las costosas reparaciones, el hombre decide deshacerse del auto y gastar su dinero en un nuevo vehículo. Parece razonable, ¿no es así?

Otro hombre, un ingeniero, tiene un accidente y una máquina le aplasta la mano. Corre al hospital, le sacan una radiografía y descubre que se le han roto varios huesos. Aunque se siente frustrado y dolorido, usa de buena gana sus ahorros para que lo traten, le coloquen un yeso y luego, con esmero cuida la mano durante los meses siguientes hasta que se restaura. Es probable que esto también te parezca razonable.

El problema en nuestra cultura es que al matrimonio a menudo se lo trata como en la primera situación. Cuando hay problemas de relación, te animan a cambiar a tu cónyuge por un “modelo más nuevo”. Sin embargo, los que tienen esta visión no comprenden el lazo importante que existe entre el esposo y la esposa.
La verdad es que el matrimonio se parece más a la segunda situación. Forman parte el uno del otro. Si te lastimaras la mano, nunca te la cortarías, sino que pagarías todo lo que estuviera a tu alcance para obtener el mejor tratamiento médico posible porque tu mano es invaluable para ti. Es parte de ti.

Tu pareja también. El matrimonio es un misterio hermoso creado por Dios, en el que se unen dos vidas en una. No sólo sucede a nivel físico sino también a nivel espiritual y emocional. Comienzan compartiendo la misma casa, la misma cama y el mismo apellido. Su identidad como individuos se une. Cuando tu cónyuge atraviesa una tragedia, los dos la sienten. Cuando tienes éxito en tu trabajo, los dos se alegran; pero en algún momento del camino, te desilusionas y se instala la realidad aleccionadora de que te casaste con una persona imperfecta.

Sin embargo, tu cónyuge sigue formando parte de ti y esto no cambia. Efesios 5:28-29 dice: “Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida”.

Este versículo les habla a los esposos, pero fíjate cómo se describe a cada miembro. Se considera a los dos como la misma carne. Debes tratar a tu cónyuge con el mismo cuidado y amor con el que te tratas a ti mismo. Cuando le demuestras amor a tu cónyuge, también te demuestras amor a ti mismo.

Sin embargo, esta moneda tiene dos caras. Cuando maltratas a tu pareja, también te maltratas a ti mismo. Piénsalo. Ahora, sus vidas están entretejidas. Tu cónyuge no puede experimentar alegría o dolor, bendición o maldición sin que también te afecte. Así que cuando atacas a tu pareja, es como atacar a tu propio cuerpo.

Es hora de permitir que el amor cambie tu forma de pensar. Es hora de entender que tu cónyuge forma parte de ti de la misma manera que tu mano, tu ojo o tu corazón. Tu esposa también necesita que la amen y la valoren. Y si hay algo que le cause dolor o frustración, deberías preocuparte por estas cosas con el mismo amor y cuidado con el que tratarías una herida del cuerpo. Si tu esposo tiene alguna herida, deberías considerarte un instrumento que ayude a traer sanidad a su vida.

Con esta perspectiva, reflexiona en cómo tratas el cuerpo físico de tu cónyuge. ¿Lo valoras como el tuyo? ¿Lo tratas con respeto y ternura? ,¿Te deleitas en tu cónyuge tal cual es? ¿O acaso lo haces sentir tonto y avergonzado? De la misma manera en la que atesoras tus ojos, tus manos y tus pies, deberías atesorar a tu cónyuge como un regalo invalorable.

No dejes que la cultura que te rodea determine el valor de tu matrimonio. Compararlo con algo que puede descartarse o reemplazarse es deshonrar el propósito de Dios para el matrimonio. Sería como amputarse un miembro. En cambio, debería ser una imagen de amor entre dos personas imperfectas que eligen amarse mutuamente sin importar lo que suceda.

Cada vez que un hombre mira a su esposa a los ojos, debería recordar que el que ama a su esposa se ama a sí mismo. Y la mujer debería recordar que cuando ama a su esposo, también se da amor y honra a sí misma.

Cuando miras a tu cónyuge, lo que ves es parte de ti. Así que trátalo bien. Habla bien de él. Aprecia y valora al amor de tu vida.

El desafío de Hoy:

¿Qué necesidad de tu cónyuge podrías satisfacer hoy? ¿Puedes hacer un recado? ¿Quizá darle un masaje en la espalda o en los pies? ¿Podrías ayudar con las tareas de la casa? Elige un gesto que diga: «Te Valoro» y hazlo con una sonrisa.

Escribe en tu libreta-diario:

¿Qué elegiste para demostrar que valoras a tu pareja? ¿Qué aprendiste de esta experiencia?



Y dirigiéndose a él, Jesús le dijo: ¿Qué deseas que haga por ti? (Marcos 10:51)




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domingo, 24 de agosto de 2014

7 Anhelos de todo esposo temeroso de Dios


7 anhelos de todo esposo temeroso de Dios
Esposas, no pueden dejar de leer este mensaje!
  1. Perdona y olvida el pasado. El fundamento para iniciar la restauración de cualquier matrimonio comienza con el perdón genuino. Mateo 6:12 “Perdónanos, como nosotros también hemos perdonado.”
  2. El esposo desea respeto y admiración. Ellos anhelan ser motivados a cumplir cada responsabilidad que tienen con su hogar a través de las palabras y actitudes de la esposa. Tu debes ser su admiradora numero 1. Efesios 5:22 “Que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor.
  3. Asegúrate que tu hogar sea un lugar donde tu esposo nunca quiera salir de ahí, ni por un momento. Génesis 24:67 “Isaac hizo entrar a Rebeca en la tienda que había sido de Sara, su madre. Tomó a Rebeca por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.”
  4. El esposo desea una esposa honesta, sincera. Se que Dios te dará la sabiduría para poder comunicar lo que hay en tu corazón. Proverbios 14:1 “La mujer sabia edifica su casa.”
  5. El esposo desea una mujer que se cuide en todas las áreas de su vida. Ester 2:12-17 “A cada una de las doncellas le tocaba su turno para presentarse ante el rey Asuero. Esto era después de haberse sometido a un embellecimiento de doce meses, según era la costumbre para ellas: seis meses eran tratadas con aceite de mirra, y otros seis meses con perfumes y cosméticos femeninos. Sólo entonces, y después de pedir todo lo necesario para presentarse debidamente ataviada, podía la doncella salir de la casa de las mujeres al palacio real para presentarse ante el rey. Ester fue llevada a la casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebet. Era el año séptimo del reinado de Asuero cuando ella se presentó ante él. Ester se ganó el favor y la benevolencia del rey por encima de las otras doncellas, y éste amó a Ester más que a todas ellas, así que puso en su cabeza la corona real y la proclamó reina en lugar de Vasti.”
  6. Todo esposo desea una esposa con la que pueda divertirse libremente. Cantares 6:3 “yo soy de mi amado, y mi amado es mío.”
  7. Un hombre desea una ayuda idónea. Génesis 2:18 “No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él.”
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jueves, 21 de agosto de 2014

El amor no se irrita - Día 6 de El Desafío del amor


El amor no se irrita
Mejor es el lento para la ira que el poderoso y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad. Proverbios 16:32

El amor es tardo para ofenderse y rápido para perdonar. ¿Con cuánta facilidad te irritas y te ofendes? Algunas personas tienen el siguiente lema: “Nunca dejes pasar una oportunidad para enojarte con tu cónyuge”. Cuando algo va mal, aprovechan la situación con rapidez y expresan lo heridos o frustrados que se encuentran. Sin embargo, esta reacción es opuesta al amor.

Ser irritable significa “estar cerca de la punta de un cuchillo”. Es fácil pincharse. Las personas que son irritables están listas para reaccionar en forma exagerada.

Cuando se encuentra bajo presión, el amor no se pone agrio. Los problemas menores no producen grandes reacciones. El amor no se enoja ni se siente herido a menos que haya una razón legítima y justa a los ojos de Dios. Un esposo amoroso permanecerá tranquilo y paciente, demostrará misericordia y controlará su carácter. Una esposa amorosa no es demasiado sensible ni malhumorada

sino que ejerce el dominio propio en el ámbito emocional. Elige ser la flor entre las espinas y responder bien en situaciones difíciles.

Si caminas bajo la influencia del amor, serás una fuente de gozo en lugar de molestia. Hazte esta pregunta: ¿Soy una brisa tranquilizadora o una tormenta inminente?

¿Por qué las personas se vuelven irritables? Hay al menos dos razones clave que contribuyen:

El estrés. El estrés te agobia, agota tu energía, debilita tu salud y te invita a estar de mal humor. Puede producirse por causas relacionales: las discusiones, la división y la amargura. Hay causas por exceso: trabajar demasiado, exagerar y gastar demasiado. Además hay deficiencias: no obtener suficiente descanso, nutrición o ejercicio. A menudo nosotros mismos nos clavamos estos puñales y nos predisponen a estar irritables.

La vida es un maratón, no una carrera corta. Debes equilibrar, priorizar y controlarte. Muy a menudo, echamos la precaución por la borda y avanzamos a toda velocidad, según nos parece bien en el momento. Al poco tiempo, estamos jadeando, tensos y a punto de estallar. La presión creciente puede desgastar nuestra paciencia y nuestra relación.

La Biblia puede ayudarte a evitar el estrés poco saludable. Te enseña a dejar que el amor guíe rus relaciones para que no tengas discusiones innecesarias (Colosenses 3:12-14). Te enseña a orar en medio de la ansiedad en lugar de resolver las cosas a tu manera (Filipenses 4:6-7). Te enseña a delegar cuando estás agotado (Éxodo 18:17-23). Te enseña a evitar los abusos (Proverbios 25'16).

Además, te exhorta a que tomes un día sabático de reposo todas las semanas para adorar y descansar. Esto tiene la ventaja de darte tiempo para recargarte, volver a concentrarte y le añade un respiro o un margen a tu agenda semanal. Será como colocar almohadones entre tú y las presiones que te rodean, reduciendo el estrés que hace que estés con los pelos de punta cerca de tu pareja. Sin embargo, hay una razón más profunda por la cual puedes volverte irritable:

El egoísmo. Cuando estás irritable, el principal problema se encuentra en el corazón. Jesús dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34, RVR1995). Algunas personas son como los limones: cuando la vida los exprime, su respuesta es ácida. Y otras se parecen más a los duraznos: cuando hay presión, el resultado aún es dulce.

Enojarse con facilidad indica que hay un área escondida de egoísmo o inseguridad en donde se supone que debería reinar el amor. Además, el egoísmo se coloca muchas otras máscaras:

La lujuria, por ejemplo, es resultado de ser desagradecido por lo que tienes y elegir codiciar algo prohibido o arder de pasión con ello. Cuando tu corazón es lujurioso, se frustrará y enojará con facilidad (Santiago 4:1-3). La amargura se arraiga cuando respondes de manera sentenciosa y te rehúsas a resolver tu enojo. El enojo sin resolver de una persona amargada se filtra cuando se la provoca (Efesios 4:31). La codicia de más dinero y posesiones hará que te frustres con deseos sin cumplir (1 Timoteo 6:9-10). Estos anhelos intensos, junto con la insatisfacción, te llevan a arremeter contra cualquiera que se interponga en tu camino. El orgullo hace que actúes con dureza para proteger tu ego y tu reputación.

Estas motivaciones nunca pueden satisfacerse, pero cuando el amor entra a tu corazón, te tranquiliza y te inspira a dejar de concentrarte en ti mismo, y a despojarte de las cosas innecesarias.

El amor te llevará a perdonar en lugar de guardar rencor, a ser agradecido en lugar de codicioso, a conformarte en lugar de meterte en más deudas. El amor te alienta a ser feliz cuando otra persona tiene éxito en lugar de no poder dormir de la envidia. El amor dice “comparte la herencia” en lugar de “pelea con tus parientes”. Te recuerda que le des prioridad a la familia en vez de sacrificarlos por un ascenso en el trabajo. En última instancia, el amor disminuye tu estrés en cada decisión y te ayuda a despedir el veneno que puede generarse en el interior. Luego, te prepara el corazón para responder frente a tu cónyuge con paciencia y aliento en lugar de enojo y exasperación.

El desafío de Hoy:

Frente a las circunstancias difíciles en tu matrimonio decide reaccionar con amor en lugar de irritación. En primer lugar, realiza más abajo una lista de las en las que necesites añadir un margen en tu agenda. Luego, enumera cualquier motivación equivocada que debas eliminar de tu vida.

Escribe en tu libreta-diario:

¿En dónde necesitas añadir un margen en tu vida? ¿Cuándo reaccionaste en forma exagerada últimamente? ¿Cuál fue tu verdadera motivación subyacente? ¿Qué decisiones tomaste hoy?

Me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante e Dios y delante de los hombres. (Hechos 24:16)

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miércoles, 20 de agosto de 2014

5 consejos para mejorar la convivencia en el matrimonio

Cómo mantener el gozo del noviazgo después del matrimonio? Algunas parejas sienten esto como un gran desafío debido a la falta de tiempo, a las exigencias del trabajo, a la atención que deben compartir entre cónyuges e hijos, las tareas del hogar y las responsabilidades en la comunidad
donde residen y de variada índole. Sin embargo, es posible “vivir felices para siempre” en un ambiente armonioso si ambos cónyuges se esfuerzan por cooperar mutuamente y crear tiempo para hallar la felicidad plena en sus familias. A continuación describiré cinco ideas para mantener el gozo que perdura:

1. Continuar las citas luego del matrimonio: cada pareja de novios es experta (podríamos afirmar) en hacer tiempo para salir en citas durante el cortejo. Eso puede mantenerse luego del matrimonio también y el establecer un día (que puede ser flexible) para salir como matrimonio para hacer algo juntos puede fortalecer los vínculos afectivos
y ayudar a que la pareja pueda dialogar, divertirse y renovar sus energías para apreciar el tiempo que pasan con sus hijos. Tales actividades podrían incluir: asistir a un concierto, ver una película en el cine, salir a un parque, dar una caminata, salir a cenar o visitar amigos.

2. Participar en actividades hogareñas: existen muchas actividades en las cuales los cónyuges pueden fortalecer su amistad al participar juntos, tales como limpiar la casa, lavar el auto, regar las plantas en el jardín, recolectar hojas, caminar, o aún limpiar otros objetos mediante los cuales pueden continuar el diálogo y demostrar aprecio uno por el otro.

3. Tomar decisiones juntos: la felicidad que dura para siempre también está relacionada con tomar decisiones de importancia en conjunto, dado que los matrimonios tienen mayor posibilidad de tomar decisiones acertadas al tomar en cuenta ambas perspectivas.

4. Dejar notas en lugares estratégicos: toda persona se siente feliz cuando le demuestran aprecio. Los cónyuges podrían dejar notas de agradecimiento y/o de aprecio por diferentes motivos debajo de la almohada, en el refrigerador, en el bolsillo de una camisa, blusa o pantalón, donde la otra persona lo pueda encontrar en el momento menos esperado. Escribir una nota no lleva mucho tiempo y es tan valioso para el que lo lee y/o recibe.

5. Apartar un día especial para hacer algo tradicional juntos: este “día especial” puede ser uno en que la pareja podría hacer algo que se convierta en un hábito válido para continuar.

Cualquiera sea la tradición que deseen establecer juntos, valdrá la pena, porque el hacer tiempo para llevarlo a cabo es recompensado por una amistad perdurable en el matrimonio. Mi esposo y yo también lo hemos extendido a nuestros hijos al explicarles que esa cita o determinada salida juntos es necesaria y que ellos van a quedar con una persona que les cuidará pero que pronto nos volverán a ver. Eso les ha ayudado a tener una actitud positiva hacia nuestra salida y hasta colaboran en su comportamiento y nos alientan a salir porque saben que cuando regresamos, lo hacemos de manera feliz y fortalecidos, además del hecho que nos apreciamos aún más. Es recomendable establecer esto lo antes posible para empezar a disfrutar la realidad de la frase “vivir juntos para siempre”



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martes, 19 de agosto de 2014

El amor no es grosero - Día 5 de El desafío del amor

El amor no es grosero
Al que muy de mañana bendice a su amigo en alta voz, le será contado como una maldición. Proverbios 27:14
Nada irrita más rápido a los demás como la mala educación. Ser grosero significa decir o hacer algo innecesario que le haga pasar un mal momento a la persona que esté cerca. Ser grosero es actuar en forma indecorosa, vergonzosa o irritante. En el matrimonio, podría tratarse de tener una boca sucia, malos modales en la mesa o el hábito de hacer bromas sarcásticas. Desde cualquier punto de vista, a nadie le gusta estar cerca de una persona grosera. La conducta grosera puede parecerle insignificante a quien la práctica, pero es desagradable para los que están cerca.

Como siempre, el amor tiene algo para decir al respecto. Cuando un hombre es impulsado por el amor, se comporta en forma intencional de una manera que a la esposa le resulte más agradable. Si ella desea amarlo, resuelve evitar lo que lo frustra
En esencia, el amor genuino cuida sus modales.

Adoptar este concepto podría traer aire fresco a tu matrimonio. Los buenos modales le expresan a tu esposa o esposo: “Te valoro lo suficiente como para ejercer algo de dominio propio cerca de ti. Quiero ser una persona con la que sea un placer estar”. Cuando permites que el amor cambie tu conducta (aunque sea de la manera más insignificante) restauras una atmósfera de honor en la relación. Por lo general, las personas que practican una buena etiqueta aumentan el nivel de respeto en el ambiente donde están.

Casi siempre, la etiqueta que usas en tu casa es totalmente distinta a la que usas con tus amigos, o incluso con extraños. En tu casa, puedes gritar o poner mala cara, pero si suena el timbre, abres con una gran sonrisa y lleno de amabilidad. Sin embargo, si te atreves a amar, también querrás dar lo mejor de ti mismo a los tuyos. Si no dejas que el amor te motive a realizar los cambios necesarios en tu conducta, la calidad de tu relación matrimonial sufrirá.

Las mujeres suelen ser mucho mejores que los hombres con ciertos
modales, aunque pueden ser groseras de otras maneras. El rey Salomón dijo: “Más vale habitar en un rincón de la azotea que compartir el techo con mujer pendenciera” (Proverbios 25:24 NVI). Son los hombres en especial quienes necesitan aprender esta importante lección. La Biblia dice: “Bien le va al hombre que se apiada” (Salmo 112:5). El hombre discreto averiguará qué es apropiado y ajustará su conducta en consecuencia.

Hay dos razones principales por las que la gente es grosera; la ignorancia y el egoísmo. Por supuesto, ninguna de las dos cosas es buena. Los niños nacen sin saber nada sobre los buenos modales, y necesitan mucha ayuda y enseñanza. Sin embargo, los adultos demuestran su ignorancia de otra manera. Conoces las reglas, pero puedes no darte cuenta de cómo las rompes o ser demasiado egoísta como para que te importe. De hecho, quizá no te des cuenta de lo desagradable que puede ser vivir contigo.

Ponte a prueba con las siguientes preguntas:

· ¿Qué piensa tu cónyuge de la manera en que hablas y actúas cuando estás cerca de él?

· ¿Qué efecto tiene tu conducta en la valía y la autoestima de tu pareja?

· ¿Tu cónyuge diría que eres una bendición o que eres condescendiente y lo avergüenzas?

Si piensas que tu cónyuge (y no tú) es el que tiene que hacer cambios en esta área es probable que sufras de un caso grave de ignorancia, con efectos secundarios de egoísmo. Recuerda que el amor no es grosero sino que te lleva a obrar con principios superiores.

¿Te gustaría que tu cónyuge dejara de hacer todo eso que te molesta? Entonces, es hora de dejar de hacer todo eso que le molesta. ¿Serás lo suficientemente considerado y amoroso como para descubrir y evitar la conducta que hace que la vida le resulte desagradable a tu pareja? ¿Te atreverás a ser encantador?

Aquí tienes tres principios orientadores que se refieren a practicar los buenos modales en tu matrimonio:

1. Respeta la regla de oro. Trata a tu pareja de la misma manera en la que quieres que te trate (ver Lucas 6:31)

2. Nada de distintos criterios. Ten la misma consideración con tu cónyuge que con los extraños y con los compañeros de trabajo

3. Cumple las peticiones. Considera lo que tu esposo o esposa ya te ha pedido que hagas o que no hagas. Si tienes dudas, pregunta.

El desafío de Hoy:

Pídele a tu cónyuge que te diga tres cuestiones que le incomodan o le irritan de ti. Debes hacerlo sin atacar ni justificar tu conducta. Su perspectiva es la importante en este caso.

Escribe en tu libreta-diario:

¿Qué cosas señaló tu cónyuge sobre ti que necesitan tu atención? ¿Cómo actuaste al escucharlas? ¿Qué planeas hacer para mejorar esas áreas?

Llenas de gracia son 1as palabras de la boca del sabio. (Eclesiastés 10:12)

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lunes, 18 de agosto de 2014

El amor es reflexivo y considerado - Día 4 de El Desafío del amor

¡Cuán preciosos también son para mí [ ... ] tus pensamientos! ¡Cuán inmensa es la suma de ellos! Si los contara, serían más que la arena. Salmo 139:17-18
El amor piensa. No es un sentimiento mecánico que fluye en oleadas de sentimientos y se duerme mentalmente. Mantiene la mente ocupada al saber que los pensamientos amorosos anteceden a las acciones amorosas.
Cuando apenas te enamoraste, te resultaba bastante natural ser reflexivo. Pasabas horas soñando con tu ser amado, te preguntabas qué estaría haciendo, ensayabas cosas admirables para decir y luego disfrutabas los dulces recuerdos de los momentos que pasaban juntos. Confesabas con sinceridad: «No puedo dejar de pensar en ti».

En la mayoría de las parejas, las cosas comienzan a cambiar luego de casarse. La esposa al fin tiene a su hombre; el esposo tiene su trofeo. Las chispas del romance se consumen hasta transformarse en brasas grisáceas, y la motivación para la reflexión se enfría. Poco a poco, tu atención se vuelca a tu trabajo, a tus amigos, a tus problemas, a tus deseos personales, a ti mismo. Luego
de un tiempo, comienzas a ignorar las necesidades de tu pareja sin darte cuenta.

El matrimonio ha añadido otra persona a tu universo. Si no aprendes a ser reflexivo, al final lamentas las oportunidades que pierdes de demostrar amor. La falta de consideración es un enemigo silencioso para una relación amorosa.

Seamos sinceros. Los hombres luchan con la consideración más que las mujeres. Un hombre puede concentrarse como un láser en una cosa y olvidarse del resto del mundo. Aunque esto puede ser beneficioso por un lado, también puede hacer que pase por alto otras cuestiones que necesitan su atención.

Por otro lado, la mujer puede prestar atención a varios asuntos y estar pendiente en forma increíble de distintos factores a la vez. Puede hablar por teléfono, cocinar, saber en dónde se encuentran los hijos en la casa y preguntarse por qué su esposo no la ayuda... todo al mismo tiempo. Además, es consciente de todas las personas conectadas con esa tarea.

Estas dos tendencias son ejemplos de cómo Dios diseñó a la mujer para que completara al hombre. Dijo Dios en la creación: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea» (Génesis 2:18). Sin embargo, estas diferencias también crean oportunidades para los malentendidos.

Por ejemplo, los hombres tienden a pensar en forma de titulares y a decir exactamente lo que quieren decir. No se necesita demasiado para comprender el mensaje. Sus palabras son más literales y no habría que analizarlas demasiado; pero las mujeres piensan y hablan entre líneas. Tienden a insinuar. A menudo, los hombres deben escuchar lo que está implícito para comprender todo el mensaje.

Si una pareja no entiende estas diferencias, las consecuencias pueden ser desacuerdos interminables. Él se siente frustrado y se pregunta por qué su esposa habla con acertijos en vez de decir algo en forma directa. Ella se siente frustrada y se pregunta por qué su esposo es tan desconsiderado y no ata cabos para comprender las cosas.

La mujer anhela profundamente que su esposo sea considerado y reflexivo. Esto es clave para ayudarla a que se sienta amada. Cuando ella habla, el hombre sabio escuchará como un detective para descubrir las necesidades y los deseos tácitos que insinúan sus palabras. Sin embargo, si ella siempre tiene que decirle cómo son las cosas, se pierde la oportunidad de que el esposo demuestre que la ama.

Esto también explica por qué las mujeres se enojan con sus esposos sin decirles por qué. Ella piensa: “No debería tener que explicarle todo. Tendría que poder mirar la situación y darse cuenta de lo que sucede”. Al mismo tiempo, él sufre porque no puede leerle la mente a su esposa y se pregunta por qué se lo castiga por un crimen que ignoraba haber cometido.

El amor exige consideración (de las dos partes); la clase de consideración que construye puentes con la combinación constructiva de la paciencia, la amabilidad y el desinterés. El amor te enseña a llegar a un acuerdo, a respetar y valorar la manera única en la que piensa tu cónyuge.

El esposo debería escuchar a su esposa y aprender a considerar sus mensajes tácitos. La esposa debería aprender a comunicarse con sinceridad y no decir una cosa cuando en realidad quiere decir otra.

Sin embargo, muchas veces te enojas y te frustras, y sigues el patrón destructivo de “Preparen, apunten, ¡fuego!”. En el momento, hablas con dureza; y más tarde, decides si deberías haberlo dicho. Por el contrario, la naturaleza reflexiva del amor, te enseña a usar la mente antes de usar la boca. El amor piensa antes de hablar. Filtra las palabras a través de una rejilla de verdad y bondad.

¿Cuándo fue la última vez que pasaste algunos minutos pensando sobre cómo podrías comprender mejor a tu cónyuge y demostrarle amor? ¿Qué necesidad inmediata podrías satisfacer? ¿Para qué acontecimiento próximo (aniversario, cumpleaños, día festivo) podrías prepararte? Los grandes matrimonios surgen de la reflexión profunda.

El desafío de Hoy:

Ponte en contacto en algún momento del día. Sin ninguna otra intención, pregúntale cómo está y si puedes hacer algo por él.

Escribe en tu libreta-diario:

¿Qué aprendiste de ti mismo o de tu cónyuge al hacer esto hoy? ¿Cómo podría transformarse en una parte más natural, rutinaria y sumamente útil de tu estilo de vida?

Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros. (Filipenses 1:3)


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