jueves, 7 de mayo de 2009

Identificar a la persona con quien compartiré el resto de mi vida...


Pensé que para identificar a la persona con quien compartiría el resto de mi vida debía sentir que lo admiraba, considerando qué cualidades hacían despertar mi admiración.

Escribí en mi diario de peticiones una lista interminable de características debería tener mi futuro esposo las cuales iban desde una profunda pasión por Dios hasta la preferencia por determinada estación del año.
Oraba que Dios en su soberanía me presentara a un príncipe azul, que sería algo así como un “superhombre” con todo lo que yo necesitaba. Conversaba con Dios de esta forma porque creí que Él había diseñado un ser magnífico especialmente para mí y que Él, que todo lo sabe, se ocuparía de decidir por mí en estos asuntos. Quería tener seguridad de que todo iba a salir bien y por eso responsabilizaba a Dios de decisiones como ésta. Ahora comprendo que Dios anhela mi bienestar y que desea que a la luz de su Palabra sea yo quien tome este tipo de decisión con sabiduría.
Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11
En su libro “Límites en el noviazgo” el Dr. Henry Cloud explica que con frecuencia los casados tienen problemas importantes y se divorcian, no porque alguno de ellos no leyera
La Biblia tanto como el otro o porque no fuese lo suficientemente ingenioso, tampoco porque tuviese los ojos de determinado color, sino por los rasgos del carácter. Es con el carácter con el que lidiaremos en el largo plazo y el cual debemos considerar en nuestras preferencias a la hora de elegir a nuestro cónyuge.
Para elegir con sabiduría es necesario cuidar en qué basamos nuestras preferencias, éstas no deben cimentarse en nuestros temores internos. Por ejemplo, alguien que le teme a relacionarse profundamente podría atraer a su vida a personas distanciadas, o quien le teme a tener su propia autonomía atraería a personas controladoras. El libro ahonda un poco más al respecto y explica que nuestras preferencias deberán estar basadas en los intereses en común de la pareja porque estos nos permitirán disfrutar tiempo juntos en la relación, también en las metas en común ya que afectarán la forma en que gastemos nuestro dinero y nuestro tiempo y finalmente en los valores de carácter que compartimos.

Para elegir bien, primero debemos conocernos a nosotros mismos. Necesitamos pasar tiempo en la presencia de Dios y pedirle que nos revele cómo somos en realidad. Teniendo todas estas ideas en claro y analizándome internamente pude reducir mi lista de preferencias a un número de 10 las cuales no son negociables y las mantendré en mente al tomar decisiones. Por otro lado también tuve que considerar las imperfecciones. Al reflexionar en como soy fui más consciente de mis propios errores pude a aceptar que los demás también pueden fallar. No encontraremos una pareja que no falle pero sí podemos valorar a una persona que esté dispuesta a trabajar sus imperfecciones.
Hay imperfecciones que son más dañinas que otras, hay unas con las cuales podemos convivir pero hay otras que lejos de hacer crecer nuestro nivel de paciencia y aceptación o de cultivar en nosotros formas de lidiar con los conflictos, nos pueden destruir.
La Palabra de Dios es fuente de sabiduría por tanto decidí basarme en ella para hacer otra lista, esta vez con las 10 imperfecciones que me son insoportables. Por ejemplo, consideré que hay pecados que Dios abomina, también el pasaje en el Salmo 101:2-8 en el que el Rey David expresa que evitará personas perversas, desleales, malas, que levantan calumnias, orgullosas, soberbias, engañosas e impías todos estos rasgos de carácter son destructivos y podrían ser como luces rojas que nos avisan que no debemos permanecer en una relación.
Expertos señalan que listar un número no mayor o menor de 10 preferencias y 10 imperfecciones es lo más práctico y las probabilidades de encontrar a una persona entre la gente con la que nos relacionamos es la óptima. Aconsejan ser firmes, no desviarnos tratando de hacer funcionar una relación pensando que esa persona reúne “casi” todos los requisitos. Desde el inicio cada preferencia e imperfección debería ser analizada y listada pensando en que es un claro aniquilador de matrimonio por tanto no es negociable ni hoy ni en el futuro.
Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Que tu buen Espíritu me lleve hacia adelante; con pasos firmes. Salmos 143:10
--Del libro “Límites en el noviazgo”. 

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Oleh

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